Escapada a Marruecos

Días previos al puente de la Constitución no sabíamos dónde ir. ¿París? ¿Valencia? ¿Barcelona? ¿Alpujarras? Tras visualizar la previsión meteorológica vemos que va a llover casi en la totalidad de la Península Ibérica, y como no tenemos especial predilección por mojarnos con ropa puesta, decidimos prácticamente 48 horas antes de partir irnos al país vecino, Marruecos. Una visita a Booking y ya tenemos una habitación en un Riad en Chefchaouen, que era el punto de destino.

El plan inicial era salir el viernes para plantarnos en Algeciras lo más pronto posible. Yo salgo de trabajar a las 3 de la tarde. Así, en un principio decidimos intentar coger un ferry  a las 19-20 horas. Esto más el trayecto de una hora aproximada nos llevaría a Tánger, donde buscábamos un hotel.

Después de sopesarlo, mi querida esposa, tuvo a bien de pararme los pies y el ansia de querer cruzar el charco lo antes posible, y dijo: “mejor hacemos noche en Algeciras, tranquilos, y el sábado ya cogemos el ferry a primera hora de la mañana”. Me pareció una estupenda decisión, aunque mis ganas de llegar al país alauí eran tremendas. Al final, tuve que darle la razón, pues una equivocación en la ruta de ida a Algeciras hizo que llegáramos más tarde de lo previsto. Ese error, con el ferry el mismo día habría sido letal.

Y así salimos (algo tarde) con el siguiente plan: llegada a Algeciras el viernes, hotel y descansar. Salida en ferry para Tánger a las 8 de la mañana. Una vez allí dirigirnos a Tetuán para hacer una pequeña visita y, de allí, a Chefchaouen. Dos noches y vuelta el tercer día.

El error para llegar a Algeciras

No sé cómo sucedió, supongo que iba distraído hablando con Silvia por el intercomunicador. También iba con la idea prefijada de “Conil de la Frontera”, mi particular retiro veraniego-espiritual. El caso es que me pasé la salida para llegar a Algeciras plácidamente por autopista, por esa que sustituye a la antigua Ruta del Toro. Pero es que el error fue tremendo, pues no me di cuenta kilómetros después… Estaba ensimismado, hablando plácidamente con Silvia y… No me lo explico. El caso es que pasamos Conil, Vejer de la Frontera, Barbate, Zahara de los atunes… y tuvimos que pasar toda la zona del Parque Natural de los Alcornocales. Esto implicaba varias cosas: zona de montaña, frío, curvas, carretera en mal estado… Y por la noche. Esto nos hizo aminorar la velocidad en demasía. Estamos de viaje y venimos a disfrutar. Nada de hacer el loco. De esta guisa llegamos a Algeciras pasadas las 10 de la noche. El frío, el cansancio y el hambre hizo que nos paráramos en el primer bar decente que vimos. Unas tapas y para el hotel a descansar. Un NH muy bien acondicionado que hizo un acople perfecto para nuestros sueños.

IMG_20151010_084737

“Y yo también…”

Meeeec, meeeec… El despertador se ceba con nuestros oídos y nos despierta muy temprano, muy, muy temprano. A las 10 zarpa el ferry y debemos estar puntuales. Silvia, mi mujer, es esta vez vencida por mi ansia de “llegar puntual” para coger el ferry y salimos para llegar a tiempo a la zona de embarque… Una vez allí le tuve que dar la razón, pues salimos con más de una hora de retraso y estuvimos mucho tiempo esperando. Una pena.

En la cola había de todo: coches españoles, 4×4, turismos con matrícula europea con emigrantes que vuelven a Marruecos, autocaravanas… Y los buscavidas del papeleo. Chavales marroquíes que se buscan la vida organizando la cola de embarque de los vehículos y rellenando los papeles de importación de vehículos. Nosotros ya teníamos hechos los deberes desde casa. Este chico se pateaba la larga cola una y otra vez para cazar a ese turista que no ha hecho la burocracia en casa. Pasaba una y otra vez para que no se le escapara ni uno. El goteo incesante de vehículos a la cola así le obligaba. Y en todas sus idas y venidas nos miraba con cara extraterrestre de arriba a abajo. Y una vez, y otra… Hasta que realmente se aburrió al cabo de una hora y se atrevió a hablar conmigo:

Chaval marroquí:

صباح الخير يا سيدي 

لا أوراق استيراد ؟

Yo: (Silencio, aunque eso sí, mirando con cara de “paso de ti”)

El chico se me queda mirando esperando una respuesta que no llega. Me mira de arriba a abajo una y otra vez… Y esta vez me dice:

Chaval marroquí: Bonjour monsieur. Est titres d’importation?

Yo: Je ne peux pas parler française. Je suis espagnol.

Chaval marroquí: (Incrédulo, me vuelve a mirar de arriba a abajo, extrañado, asombrado pero bajando las cejas) ¿Español? ¡Y yo también! Yo español.

Esta guasa viene de lejos. Tengo una cara extraña, difícil de ubicar. En Thailandia no sabían de dónde era: unos me decían que era hindú, otros brasileño, latino, cubano… Pero eso de español nada. En Punta Cana me llamaron “mezclaíto”, con ese acento dominicano característico. Vamos, que paso desapercibido allí donde voy, pues no saben ubicarme en ningún lado. Al menos en los que he estado. Jejejeje. Y eso tiene sus ventajas. Y en el país alauí no fue menos.

Una vez embarcados y amarrada la moto (con una sola cincha, aunque en principio me pareció suficiente) subimos a la zona del restaurante a pegarnos un buen y merecido desayuno.

El sistema de sellado del pasaporte es de lo más curioso. Tienes que buscar a un señor que se sienta con un portátil en algún lugar del barco. Él es quien sella los pasaportes. Después de la pitanza lo tuve que buscar un par de veces. No hubo éxito. Más tarde, sin embargo, se corrió la voz que estaba cerca de la otra cafetería. Y allí que fuimos. Una vez sellados los pasaportes tan solo había que esperar el atraque del barco y salir por los tediosos controles de aduanas.

Prisa mata, amigo

Así reza un dicho marroquí. Y qué razón tienen.

La primera que te llevas en la frente es en la aduana. El descontrol es absoluto. Te hacen esperar y no sabes por qué. A algunos marroquíes que volvían a su casa con el coche hasta arriba les hacen descargar todo. Curiosamente allí nos encontramos a uno que empezó a mosquearse de lo lindo con el jefe de aduanas. Soltaba improperios como si no hubiera un mañana. No vimos cómo acabó la cosa, pues tuvimos “algo” de suerte y solo estuvimos allí una hora y media esperando.

El GPS que no volveré a utilizar

Me compraré uno mejor, sin duda. Dedicado para la moto, con mapas actualizables y demás. Paso del Mappy y del iGo8. Nos hizo ir por el lado equivocado a Tetuán.

El día estaba lluvioso. A veces llovía y otras no. Y ya os podéis imaginar cómo funciona esto cuando vas en moto: si llueve, te pones el traje de agua y deja de llover (pasas calor); te lo quitas y empieza a llover. Así durante todo el puente. Un coñazo.

Pero retomemos el tema del GPS. Como hemos dicho antes, se equivocó, y nos envió a Tetuán por Sebta (Ceuta). Si repasáis la geografía marroquí, os daréis cuenta que para ir a Tetuán desde Tánger no se tiene que tirar por Ceuta, por varios motivos:

  • Es más largo.
  • La carretera es de montaña (fijaos en un mapa que la orografía es elevada).
  • Después de las montañas… La costa, con el tráfico que eso conlleva.
  • Como colofón nos encontramos un peaje al coger una autopista para Tetuán.
  • Llovía y el suelo resbalaba. Esto no lo digo como un tópico, no. Aquello parecía una pista de hielo. La arena que se acumula en la carretera junto a la lluvia que por allí no abunda mucho hizo que el camino se convirtiera en una auténtica aventura.

Tuvimos que reducir muchísimo la velocidad por todos estos parámetros. Además, durante el camino que bordeaba la ciudad española de Ceuta nos encontrábamos a muchísimos subsaharianos que esperaban su oportunidad para entrar en Europa. Una pena tremenda, pues malviven en las rocas de las montañas comiendo lo que pueden. Por este motivo esta carretera está minada de todos ellos. Hambrientos y con harapos buscan algo que llevarse a la boca. Si es la primera vez que vas al continente africano, por esta ruta te das con la cruda realidad de primera mano.

Una vez pasamos varias ciudades, llegamos al peaje hacia Tetuán. Allí la idea era visitar le Medina, pero claro, llegamos a la hora de comer. Y con el tiempo de comer no se juega. Lo primero que vimos fue un restaurante italiano, donde comimos unas pizzas y una ensalada riquísimas. Y a buen precio.

¿Te he dicho que la prisa mata, amigo?

Durante el trayecto Tánger-Tetuán (por Ceuta, claro) no tuvimos oportunidad de encontrarnos con mucho tráfico, excepto en las ciudades de la costa. Y por las condiciones de la vía y las climatológicas tampoco pudimos ir a un ritmo adecuado de marcha. Éramos tortugas con miedo nivel vieja cruzando una calle.

Una vez en Tetuán comprobamos que el tráfico y la manera de conducir marroquí es peculiar. Para empezar aquello es un poco caos. Hay semáforos y todo eso, se respetan y tal. En eso estamos de acuerdo. Pero si sales de la ciudad, donde el control policial siempre está al principio o final de un poblado, aquello es el Far West. Allí no corre nadie. Todos van a 60-70 Km/h. Tan simple como eso. Si vas a más velocidad te matas sí o sí. Las carreteras son penosas. La que une Tetuán con Chefchaouen lo es. Los adelantamientos son inexplicables. No al nivel Kenia con Charly Sinewan, aquí podéis ver el vídeo, pero al estilo. No corras, no adelantes cuando no lo veas claro. Si esperas algo malo en esas carreteras, créeme, ocurrirá. Se te pegan atrás como lapas esperando un hueco para pasarte…

En cuanto al control policial con los radares y todo eso… Pues sí, los hay. Pero siempre en los mismos lugares. O sea, ves unas casas en medio de una carretera, de un camino, párate porque seguro están los gendarmes apostados al principio o al final. Hay una rotonda, también. Hay mucho control. Pero fuera de estos controles…

IMG_20151011_123553

Chefchaouen

Una vez desahuciado el Mappy, utilicé el plan B: un GPS que no necesita internet en el móvil. Gracias a él pudimos llegar al Riad que teníamos reservado. El acceso con la moto era imposible, pues estaba en la Medina y allí las calles son estrechas estilo Albahicín de Granada. Dejamos la moto por un par de euros todos los días en una plaza contigua. Un chico nos ayudó a llevar el equipaje por el módico precio de 2 euros. No me importó dárselos. Había que subir bastante y estábamos cansados.

El Riad era precioso. Una antigua casa marroquí habilitada como hotel. Habitación bonita, escueta, pero suficiente. Confortable. La pega: el rezo. Te despiertan sí o sí. Y el Riad estaba al lado de una Mezquita donde el imán vociferaba a base de bien. Qué manera de gritar, leches. El primer día, con el cansancio, prácticamente ni nos afectó. La segunda noche la cosa cambió.

Una ducha, vuelta por la Medina y cena en restaurante en la plaza principal. Bonitas vistas. Mucho turista y mucho comerciante. Esa relación sin igual.

Curiosamente en los paseos a mi no me abordaban para venderme algo. Es más, me hablaban en árabe. Yo sonreía y declinaba con la cabeza cualquier ofrecimiento, si es que había alguno. Otros nos escuchaban hablando castellano, me miraban y me decían… “Tú morocco, morocco”, tocándose la cara hasta la barbilla con una mano como en el anuncio de Gillette.

El pueblo es una preciosidad. Digno de ser visitado. Hay que tener cuidado con algunas cosas que a ellos les ofende, como por ejemplo: hacer fotos en determinados sitios (una me llamó la atención por intentar hacer una foto en un lugar donde supuestamente lavan la ropa, en un riachuelo), hablar con mujeres árabes, hacer fotos a escrituras o a personas (un artesano no me dejó fotografiar lo que escribía en su libreta) y algún detalle más. Es curioso que ellos se muestran muy serviciales, aunque eso sí, buscarán siempre una limosna para que les des algo.

¿Sensación de inseguridad? Ninguna, para nada. Al revés, noté cómo cuidaban al turista. Son listos y saben que de las pocas posibilidades que tienen es a través del turismo.

IMG_20151012_103114

El regreso

La moto, a pesar de estar en la intemperie, estaba intacta. La vigilancia de la plaza era 24 horas. Damos fe.

El último día teníamos previsto salir más temprano, pues llovía (lo hizo durante todo el puente) y queríamos salir con calma. Chefchaouen se ve en dos días y no necesitábamos más. Ya habíamos realizado las compras oportunas, por lo que solo quedaba realizar el camino de vuelta a casa.

Antes de partir quisimos preguntar a la chica de recepción qué camino tomar, pues el de la ida no nos gustó nada. Habíamos tirado por Ceuta y por una autopista de peaje camino a Tetuán. La chica, que había vivido y estudiado en Sevilla, fácilmente nos comentó que había una carretera/autovía muy buena y gratuita que llevaba desde Tetuán a Tánger sin tener que pasar por Ceuta. Era más corta y, al evitar las montañas al sur de Ceuta, el camino era más sencillo, sobre todo si llovía.

¡Y claro que lo era! Madre mía qué diferencia. La carretera hasta Tetuán era la misma que la de la ida, un infierno, y se alternaba la lluvia y el calor tanto como decidíamos ponernos o quitarnos los trajes de agua. El caso era fastidiarnos. Sin embargo, desde Tetuán a Tánger, la carretera se tornó en una especie de autopista con dos carriles por sentido, separados por una mediana. Y digo especie de autopista porque lo que te despistaba era que había algún que otro paso de cebra, alguna rotonda y personas paseando libremente por el arcén como si nada. Murphy seguía igual: si íbamos con el traje de agua, sol; si nos los quitábamos, llovía. Y así discurrimos tranquilamente por la N-2 que nos llevó hasta Tánger Med. El problema fue que llegamos muy pronto. Intentamos cambiar los billetes para volver más temprano y no perder 4 horas allí, pues queríamos evitar la lluvia a toda costa. No lo conseguimos, pero como mis suegros pensaban volver la semana siguiente con la autocaravana, pues les cedimos estos billetes y compramos otros para coger el primer ferry.

¡ Y casi lo perdemos! Eran las 13 horas y preguntamos si daría tiempo coger el de las 14. El chico de la taquilla nos dijo que sin problemas, que por supuesto que sí. Y allí que fuimos. Pasamos el primer control y había una fila de coches preocupante (unos 8-10). Pasan 25 minutos y nos toca a nosotros. Chequeo de los papeles de importación de la moto y tal… Pasamos. Ahora a buscar el lugar de salida del ferry. Error. Otro control más. Ahora pasaportes y rellenar no sé qué… Otros 15 minutos. La prisa, el traje de agua y el calor, pues no llovía, claro, empezaba a agobiarnos por momentos. 20 minutos y el barco zarpa. Silvia, de nuevo, me comenta que no habrá problemas, que ocurrirá igual que en la ida, que habría retraso seguro. Pasan otros 5 minutos en la cola y ya nos liberan… A buscar el lugar adecuado. ¡Error! Ahora a pasar por un tráiler que tiene incorporado una máquina gigante de rayos. Sirve para buscar droga y cualquier elemento extraño en los vehículos. ¿La moto también? Sí, la moto también. 10 minutos perdidos allí. Y digo 10 minutos porque podrían haber sido más. Una vez que los vehículos pasan el control se quedan varados en una especie de barrera. Deben esperar a que se les dé el OK al escaneo. Ya barruntábamos que íbamos a perder el ferry. Bueno, eso lo hacía yo, pero Silvia confiaba en su experiencia en la ida con el retraso. Quedaban unos 3 minutos para que fueran las 14 horas. Me levanto de la moto y me dirijo al comienzo de la fila para hablar con el agente de aduanas. Antes de terminar la frase me dice: you go! -Can we go? – Yes. Y salimos escopeteados. En el trayecto sorteamos un coche, dos; otros parados en una rotonda no saben a dónde dirigirse… Decido adelantarlos e ir directamente a un ferry de la compañía que habíamos contratado FRS. Estaba con las compuertas abiertas, algún operario esperando y otro más a escasos metros. Efectivamente, este era. Fue darle al gas y el operario que estaba en el interior del barco nos hacía gestos con los brazos: corred, corred. Si os digo que fue entrar y empezar a organizarlo todo para cerrar compuertas es poco. Suerte no, lo siguiente. Esta vez, y por nivelar, yo tenía razón y no habría retraso.

Una vez llegamos a España pasar el control fue rápido. El policía nacional nos hizo alguna pregunta para saber dónde habíamos estado y punto. Entramos en España. Esta vez no nos perdemos y cogemos la carretera adecuada para plantarnos en la autovía de peaje Sevilla-Cádiz en un santiamén. Lo que no cambió fue lo de la lluvia y el traje de agua. ¡Qué cruz, macho!

Llegamos a Sevilla algo cansados por estar todo el día sin parar, pero contentos por cómo lo habíamos pasado en Marruecos.

Para ser la primera incursión no ha estado mal.


	

About the author

Comments

  1. Estupenda mini escapada . Y te confieso que con algo de envidia, pues mi pareja ya me ya dicho que marruecos nanai de la china. Esos parajes deben ser estupendos… y tan cerca que lo tenemos!!! Un abrazo, de Guillermo, ex piaggio x8.

  2. Yo también estuve por allí hace unos años y mis miedos eran infundados. La gente es estupenda y te ayudan en todo lo que pueden. No hay que perder de vista que son negociantes y a veces tratan de jugar un poco al despiste con los turistas, pero en ningún momento me sentí inseguro.
    Marruecos es un país estupendo al que tengo que volver un día de estos, pero es que hay tantos destinos posibles que aún no me atrevo a repetir ninguno de ellos.
    Por cierto, bonita crónica!

  3. Que buena crónica. Tengo para decirte que me muero de envidia, aun no salgo del país y pues mi moto es chiquita pero no me impide rodar por mi país (Colombia). Y pues sí, tienes razón tu cara no parece española pero por aquí en mi país pasarías desapercibido como otro lugareño más. Lo otro es que por allá están pasados de lluvia y aquí estamos secos con meses sin una gota de lluvia. Saludos desde Colombia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.