Escapada a Portugal. Día 3

Nota: pensaba que había publicado la última entrega del viaje del año pasado… Y veo que se me olvidó. Bueno, aquí está:

Nos levantamos a la “hora española” tras haber descansado lo justo. Ese momento en el que hora y media antes del toque de diana te despierta una alarma en la calle. Me asomo pegando un salto y me cercioro que a la moto no le pasa nada.

Ha saltado la alarma de un local comercial, un bar, que está justo en frente de mi habitación. Se llevó 20 minutos pitando como si no hubiera un mañana. 

Efectivamente me desveló. Ya no había nada que hacer. Además de intentar dormir durante 45 minutos aproveché para consultar la web del gobierno portugués que informaba de los fuegos activos en el país. Y es que la visita al país luso fue eso, un continuo reguero de restos de incendios y otros activos que devoraban la parte centro-sur de Portugal.

Una vez nos cercioramos que las carreteras de paso no van a estar cortadas vuelvo a comprobar la ruta en el GPS, me ducho, recojo los bártulos y me apresuro para bajar a desayunar.

El lugar del desayuno era minúsculo, pero suficiente. Las viandas no eran abundantes, pero bastarían para saciarme hasta la hora de comer.

Me despido del hotel Imperio do Rei, muy recomendable pues la relación calidad-precio es insuperable. 35€ en una amplísima habitación con desayuno estaba genial. Pena lo de la alarma, pues habría incrementado muy mucho mi descanso en tan merecidos aposentos.

Una vez guardada la maleta, ordenador, y demás zarandajas en la moto, procedemos para ir avanzando ya para el sur.

La ruta, como bien sabéis, trataba de evitar a toda costa las autopistas que, en Portugal, son de peaje.

En lugar de utilizar el propio GPS para genera una ruta, prefiero hacerlo por Google Maps. Esta vez sería igual. De hecho, me gusta así, programarlas en la web y luego pasarlas al Rider. He de confesar que fue un acto de pereza absoluta la noche anterior, pues la cena me supo a gloria y mis intenciones con Morfeo eran de echar un rato largo. Tuve la osadía de intentar realizar la ruta íntegra desde el propio GPS… Así, utilicé la opción de “evitar autopistas” que viene habilitada en el Tomtom y el mensaje que me devolvió fue que “niet, niet“. Nada de nada. Si quieres salir de Castelo Branco hacia el sur tienes que coger autopista.

Pero, ¿eso cómo va a ser? Como veremos a continuación, así era… O no exactamente.

Ante tal mensaje tiré de Google y realicé la ruta a través de Maps. Utilicé las opciones de “Evitar autopistas” más la de “Evitar peajes” y… Voilà. He aquí tu ruta. Todo por carretera nacional, como debe de ser, y nada de nada de autopistas, y mucho menos las de peaje, que ya sabemos cómo se las gastan los vecinos.

Bajé la ruta y la inserté en el GPS y me acosté.

A la salida de Castelo Branco quise repostar. Tenía medio depósito, pero no me quería arriesgar. Llené lo justo y proseguimos.

Los primeros 40 kilómetros fueron fantásticos. Lunes, por la mañana temprano, nadie en la carretera. Genial. Además, el calor me dio una tregua a esta hora y hacía cierto fresquito. Cosa que eché mucho de menos después.

Discurrí por una carretera nacional que prácticamente iba paralela a la autovía… Me alegraba cuándo la sorteaba, ahora por aquí, por allí… Hasta que…

Llegué a un cruce que me indicaba cruzar al otro lado, pasando por encima de la autovía… ¡Qué raro! Paso por encima y… Sí, el GPS me indica que tengo que coger la autovía.

Me paré, revisé la ruta… Y nada, para la autovía. Y yo que me seguía negando. La solución fue dar alguna vuelta por los alrededores hasta que encontré una parada de autobús donde un chico literalmente no tenía ni idea de lo que le estaba preguntando. Suerte tuve que llegó un coche que tenía que recoger a un estudiante cercano. Mientras este llegaba pregunté a los chicos del vehículo y uno amablemente me indicó el camino que tenía que seguir. Primero un pueblo, luego otro, otro, otro… Me sonaba muy raro. Sería una vuelta tremenda, me dije.

Mientras consultaba de nuevo google maps, el chico del coche se acercó de nuevo y me indicó en un perfecto portugués: “si sigues por la autovía y te sales en la primera salida podrás continuar por la carretera nacional. No te preocupes que no vas a pasar por ninguna cámara que te registre la matrícula para el peaje”.

Bueno, no tenía nada que perder… O sí. Recuerdo que el chico que esperaba el bus me indicó que había una gasolinera a un par de kilómetros de la autovía, que preguntara allí o que comprara una viñeta de esas para poder circular…

Entré en la autovía, el GPS seguía funcionando correctamente, me indicaba que era por aquí. Me encuentro con la gasolinera y decido parar… Voy a preguntar de nuevo a ver qué me dice…

La chica que atendía la gasolinera era campeona de Portugal en simpatía. No sé si me entendéis. No quería entablar una conversación conmigo para solucionarme las dudas que entrañaban mi ruta. “No sé” se convirtió en una constante.

¿Hago caso al chico del coche? ¿La dependienta de la gasolinera realmente no tenía ni idea? ¿Continúo por la autovía? ¿Me salgo por la primera salida que encuentre y que sea lo que tenga que ser?

Intenté de nuevo derribar el muro de la campeona portuguesa en simpatía y le volví a preguntar si para España era necesario comprar una viñeta. Su respuesta con cara amargada fue: “creo que sí”.

Al final opté por comprarme una viñeta de esas de recarga por 10€. Bueno, al menos así voy tranquilo y sigo al GPS, que supongo me sacará de la autopista según la ruta marcada el día anterior. Si me pilla un pórtico de esos con cámara iré cubierto con la viñeta que acabo de comprar.

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Esta era la viñeta en cuestión.

El proceso es el siguiente: una tarjeta con un código. Debes enviar un SMS a un número con un texto específico, el código y tu matrícula. A los 15 minutos te debe llegar la confirmación al móvil.

Llevaba media hora esperando y no recibía confirmación ninguna. Pregunté a la dependienta y volví a recibir un “No sé” por respuesta. Otra vez. Pero ahora aderezado con “a veces tarda unos minutos más”.

Esperé casi una hora. Tuve tiempo de comprar agua, llamar a casa… Y todo bien. Nada, el sms no llegaba.

Harto de estar allí decidí salir. Total, el trámite está hecho, y supongo que podría alegar cualquier cosa si casualmente me pillan… La cuestión es que tras iniciar mi marcha de nuevo, por la autovía y sin pasar por ningún pórtico con cámaras, el Rider me indica que coja la siguiente salida.

WTF?

¿Que me salga? ¡Pero si acabo de comprar la viñeta!

Sí, como imagináis. Acabo de regalar al gobierno portugués 10 euritos.

La ruta en Maps estaba bien. Para poder seguir por carretera nacional era necesario meterse en la autopista de peaje pero coger la primera salida sin pasar por pórtico alguno de registro de vehículos.

Con el mosqueo, pero aliviado, a la vez, proseguí mi camino por una ya, muy transitada, carretera nacional.

A la única zona de curvas y disfrute para el motero le acompañaba un paisaje desolador. Miles y miles de árboles calcinados por el fuego durante varios kilómetros. Pobre lugar. ¡Qué pena todo!

Más tarde volvieron las anodinas carreteras nacionales rectas. El calor apretaba muchísimo y el ambiente era parecido a Londres, lleno de humo por todos lados.

Una vez que entramos en España tuvimos la diatriba de seguir por nacional o meternos a la primera de cambio por autovía para llegar a casa lo antes posible. El calor hacía mella y las paradas para refrescarme eran más continuadas. Finalmente tuve que tirar por autovía para llegar a casa en torno a las 15:30 hora española. Tiempo para una merecida ducha, comer con la mujer y descansar un rato.

Y así puse fin a un pequeño periplo motero para dos cosas: la primera quitar el gusanillo de viajar en moto, pues no lo voy a poder hacer en un tiempo (los peques mandan); y segundo, constatar que mi pareja es una delicia y que me volvería a dejar hacer un viaje motero, pero… Sobre todo, tanto a ella como a los peques los eché mucho de menos.

Volver a irme de viaje será complicado.

 

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