Picos de Europa 2012. Día 2

2º día. Medina de Pomar (Burgos) – Santillana del Mar – Enterrías (Cantabria)

Puede que se convierta en una costumbre en el viaje, por lo que planeamos ir del punto A al B pasando por el C, que precisamente no está en el camino entre A y B. Y lo agradecemos.
Nos levantamos por la mañana, preparamos las cosas en la moto y ya estaba Morgan esperándonos para desayunar. Preguntamos por unas tostadas… Nos dice Morgan que allí es raro que nos pongan tostadas en algún sitio. Que allí se desayuna un pincho de tortilla y a tirar para adelante. Vamos a un bar cercano al hostal y tenemos suerte, hay tostadas… Pero de pan de sándwich… Vaya. Bueno, menos es nada, nos las tomamos, Morgan su pincho de tortilla y nos ponemos rumbo a una gasolinera para repostar y hacernos una foto que Txapi sabrá valorar (en el cartel de entrada a Medina de Pomar).
Después de echarnos las correspondientes fotos, nos despedimos, tiramos por carretera nacional (evidentemente) para Santillana del Mar, que ni es Santa, ni el llana y no tiene mar (aunque lo tiene cerca, eso sí).
Llegamos a Santillana del Mar, aparcamos las motos en un buen sitio. Y nos pegamos un pateo curioso por allí. No es grande, pero lo que vemos es espectacular. Todo empedrado, lugares para probar buena sidra, pinchos… Muy turístico todo. Medieval. Mambrú se pone tierno y me comenta que le gustaría vivir allí. A mi ni loco, pues es, como he dicho, muy turístico y no me convence. Si prefiero un retiro, que sea eso, un retiro donde nadie o, al menos, poca gente, me moleste.
Después de Santillana del Mar tenemos que buscar un sitio para comer. La idea es parar en algún sitio en plan menú, pero a medida que vamos avanzando a… ¿A dónde vamos? Ni idea… Vamos perdiéndonos por una carretera, por otra… Tan solo esperábamos ir a un pueblo cercano a Santillana del Mar y que una venta de carretera nos convenciera. Y claro, nada nos convence. Según vamos avanzando vamos llegando a Suances, en plena costa.
La suerte quiso que decidiéramos pararnos en un supermercado, comprar avituallamientos, un litro de un vino aceptable y pegarnos una pitanza en la playa… Preguntamos a la chica de los embutidos, por si podemos ir a comer a un faro que hemos visto en la costa antes de entrar en el pueblo. Nos indica el camino y para allá que vamos…
Fue de esas cosas que sin pensarlas aciertas de pleno. Llegamos a un paraje espectacular. Acantilados que para llegar tienes unos caminos entre la hierba… Nos paramos en una pequeña pared de piedra que nos viene de lujo para sentarnos en condiciones. Cuando terminamos de comer nos damos un paseo por aquella zona. Espectacular.
Cuando ya nos hemos hartado de disfrutar, cogemos de nuevo las motos y ponemos rumbo a Potes, para luego llegar a Enterrías, donde tenemos el hostal.
El camino es precioso, Cantabria solo tiene una zona “llana”, que es la carretera que discurre por la costa. Todo lo demás es montañoso. Qué preciosidad de comunidad. Toda carretera es alucinante. Eso sí, vacas por todos lados, jejejeje.
Vamos sorteando pueblos preciosos, carreteras alucinantes que discurren por la vera de ríos… Idílico todo. Llegamos a Potes, ya nos queda menos para llegar a Enterrías. Allí todo es espectacular, grandes montañas, todo muy verde… La noche acecha poco a poco, pero llegamos a una hora donde todavía hay algo de luz. Nos instalamos en el hostal (precioso, por cierto) que está distribuido en plan casa rural. En la planta baja está la cocina, un salón grande con una gran vidriera con vistas a las montañas, el comedor y la recepción. Tiene todo muy buena pinta. Las dos plantas superiores son las habitaciones. Entramos y confirmamos que están muy bien (ya querrían algunos hoteles…).
Nos instalamos de nuevo, quitamos las maletas de las motos, las subimos, guardamos la ropa… Y nos duchamos para dar una vuelta al pueblo.
Como os dije, llegamos con algo de luz. Algo de luz no significa que todo se vea. Nada más entrar en el pueblo nos encontramos con el hostal. No tenía pérdida.
Ya nos hemos duchado, y le decimos a la dueña del hostal (muy amable y dicharachera) que nos vamos a dar una vuelta al pueblo. La idea era buscar algún sitio para comer… Cuando le comentamos esto, nos responde:
–    Si veis a algún vecino, saludadlo.
–    Vale…
No sabemos qué quiere decir, aunque algo intuimos… Efectivamente, cuando salimos nos damos cuenta que el pueblo son dos calles, si me apuras una calle asfaltada y otra que es un camino. Jejeje. Y nosotros buscando un restaurante. Toma.
Cuando volvemos le preguntamos a la dueña del hostal por qué nos dijo lo de saludar a los vecinos… Y nos contesta:
–    Claro, aquí en el “pueblo” somos 10 vecinos, nada más. Hay más gente ahora mismo en el hostal que en todo el pueblo…
Jejejejeje.
Toma ya.
Decidimos comer (estupendamente, por cierto) en el hostal… Eso sí, todo regado con un aceptable vino.
Nos vamos a la parte exterior para charlar y preparar la ruta del día siguiente. Hay una terraza para sentarse y charlar agradablemente en la noche. Eso sí, unos 18 grados, no más, y bajando. Qué maravilla. Sin embargo, cuando ponemos un pie fuera nos damos cuenta que “está lloviendo”. No es lluvia realmente, es el chirimiri típico, que aquí, por lo visto, cae con bastante frecuencia por la noche.
En pleno agosto, yo viendo en twitter que la gente en Andalucía se moría de calor… Y nosotros disfrutando de una buena pitanza, la temperatura y el chirimiri que ni llega a calar, solo refresca.
Qué maravilla.
Fin de la jornada y a la cama. Eso sí, tapaditos, que refresca…

Fotos en el cartel de Medina de Pomar para despedirnos de Morgan y su pueblo:

Un paisaje cualquiera, con un pueblo cualquiera en una carretera cántabra cualquiera:

Visita a unas cuevas…

Ya paramos para comer… Y sentados en el césped, estas eran las vistas que teníamos. Suances:

Por estos caminos…

Llegábamos a estos sitios…

Mambruuuuuuuu

Este es el hostal (hecha desde el móvil):

El pueblo…

Y las vistas desde la terraza…

Y aquí acabó la segunda jornada.

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