Picos de Europa 2012. Día 4

Bueno, se ha hecho esperar… He tardado por que últimamente estoy bastante liado. Pero aquí estamos de nuevo.

Enterrías-Potes-Fuente Dé-Cervera de Pisuerga-Guardo-Riaño-Pto de San Glorio-Enterrías

Otra jornada de disfrute total. Empieza la mañana como de costumbre. En medio de las nubes. Las motos llenas de agua del relente mañanero y el chirimiri que no para por la noche.

Después del desayuno característico, ya nos vamos acostumbrando a quitar todas las porciones de mantequilla o los demás huespedes del hostal. Eso sí, antes de que lleguen. Así evitamos tener que esperar a que la chica del servicio aparezca por allí, la cojamos y pedirle que nos traiga la mantequilla para untar en el pan. Ramplamos con las porciones de las mesas adyacentes y ponemos cara de bueno. La cosa funcionó el día anterior y este también, ¿por qué no?

Vamos camino de Potes. Nuestra intención era ir por primera vez a Fuente Dé, para subir al teleférico.
Llegamos a Potes y lo cruzamos sin más demora que la de ir a Fuente Dé. El día está muy nublado. No hay sol. Cierto fresco que a veces se mezcla con el bochorno… Pero bien. Llegamos a Fuente Dé y metemos las motos hasta la cocina. Llegamos al parking donde está la gran cola para subir arriba, la atravesamos con las motos y las dejamos al lado de una fuente. Nos desvestimos (yo me cambio completo: chubasquero, pantalón y zapatillas de trekking). Estamos en la montaña, hay que mimetizarse con el medio y, además, como os dije, el despelote en las paradas es marca de la casa. Bueno, eso y mi obsesión por ir siempre con la ropa más adecuada a los sitios… No hay nada que me dé más coraje que estar en un sitio vestido “de romano” y estar dándole vueltas a la cabeza al tema de la comodidad. Manías que tiene uno, oye.

Una vez cambiados y hechos unos montañeros (casi) vemos que allí no se ve un carajo. El teleférico se adentra nada más salir en las nubes y no se ve más. Una pena. Nos acercamos a la gente que baja, por si arriba se llega a atravesar las nubes y vemos ese paisaje tan chulo que pudimos ver el día anterior en el Puerto de San Glorio. Y efectivamente, allí el que se bajaba del teleférico decía lo mismo que todos los demás: no se ve un pijo.

Bueno, ya sabemos que hoy no nos íbamos a montar allí… Siempre hay tiempo para perder dinero. Por tanto, nos damos un paseo para hacer una pequeña caminata por aquella zona. La hierba está mojada, y al poco nuestras zapatillas se mojan. Bah, somos hombretones… Por momento pensamos en hacer una ruta a pie, pero la que más o la que menos tardaba una hora y media de ida y lo mismo de vuelta. Eso, y que no llevábamos ni agua, ni cantimplora, ni na de na, hizo que nos quitáramos de la cabeza eso de jugar a los boy-scouts. Sin embargo sí que íbamos a andar algo por algún camino. Y allí que fuimos. Vimos la entrada al camping de la zona… Y se nos ocurrió meter las motos y desviarnos por algún camino en plan perdernos y tal… Y tampoco. Todo lo que se nos ocurría nos lo quitaban rápido de la cabeza. Esta vez era una señal (repetida más adelante del camino) que prohibía el acceso a vehículos a motor excepto dueños de parcelas y tal… Como el dibujo solo representaba un coche, Mambrú decía una y otra vez que las motos podían pasar. Yo no pensaba igual, así que tras debatir el asunto, decidimos bajo la amenaza de las grandes multas de los forestales, no entrar con las motos.

Seguimos andando y nos perdemos por la montaña. Alucinante, qué paisajes. Precioso. Sí, pero nos añarábamos la cara averigüando si podíamos pasar por allí con la moto o no. Una buena forma de autoflagelo, sí.

Damos media vuelta y nos vamos a visitar a las amigas preferidas de Mambrú en todas las jornadas: las vacas.

Después de decirles muuu y hacerle unas fotillos, nos volvemos a las motos para proceder a vestirnos de nuevo de romanos. Lo hacemos mientras un chaval de unos 5 añitos nos observa diciendo “¿estos dos de qué leches van disfrazaos?”. El nene se interesa por las motos. Le invitamos a subir… Pero su desconfianza le puede y no se atreve. El padre, sin embargo, nos da un consejo tras preguntarle cuál es el camino a Cervera de Pisuerga:

-Tenéis que parar en la Venta Pepín a comer. Se come bien y buen precio. Mucho antes de llegar a Cervera, en la carretera de montaña. Está indicado y no tiene pérdida.

Pues nada, anotado queda.

Para ir a Cervera tenemos que volver a Potes. Lo cruzamos de nuevo y nos vamos camino de Cervera. La carretera se pone interesante. Algún tonto enlatado te encuentras. Pero nada destacable en todo el viaje. Enlazamos curva tras curva. Paisajes de la leche. Esto es alucinante. Aquí uno no se aburre. Qué maravilla.

Proseguimos y vemos el cartel. Eran ya casi las 2 de la tarde, por lo que decidimos parar a comer en la recomendación anterior…

Qué barbaridad. ¡Qué pechá comé!

Mambrú se pidió el típico cocido… Yo, más cauto, no quiero ir en la moto como si me hubiera comido un balón de nivea, por lo que opto por unos huevos camperos con jamón y patatas que… Bueno, el plato parecía la ensaladera de Wimbledon. Qué barbaridad. Y Mambrú disfrutando cada fabe…

Vino de la casa, evidentemente.

Postre.

Café.

Ufffff. Necesitamos una siesta. Pero nada, hay que seguir…

Nos vestimos de toreros y proseguimos. Eso sí, ahora las motos parecían hasta más perezosas… Qué sopor. Y es que esa pitanza merecía una buena siesta…

Paramos en un mirador (las motos hasta la cocina, vamos, el propio mirador, jejeje). Está todo nublado y no se ve del todo bien. Una pena.

Seguimos por una buena ruta. Vale, me planteo no volver a decir esto. Es que allí cualquier camino que tomes es alucinante, ¿vale? Tenedlo en cuenta para que yo no tenga que ser reiterativo con el temita…

Llegamos a Cervera y hace calor. Quitamos alguna cosilla a los trajes para que ventilen más y seguimos… Aquí nos equivocamos, pues queríamos hacer una ruta de unos pantanos que eran muy recomendables… En su lugar nos metemos por una carretera nacional algo recta… Pero bueno, que casi se echaba de menos tener más de 10 metros en línea recta, jejejeje.

En esta nacional vimos los tremendos efectos devastadores del fuego. Por aquellos días se había creado un fuego devastador por varios montes. De hecho salió en la tele. Una pena. Sacamos una foto, ya de lejos, de cómo se veía el paisaje… Parecía que había caído una bomba nuclear. Alucinante.

Siguiente parada Riaño. Más bien Nuevo Riaño. Esta localidad fue inundada para construir un embalse. Curioso, pero así es. Una vez construido, quedó todo el pueblo bajo las aguas. El hecho se produjo en 1987, bajo uno de los mandatos de Felipe González. En 2005 más o menos se terminó de construir el nuevo pueblo al completo. Sí, es algo extraño, pues es muy moderno y está rodeado de agua. El acceso se hace a través de un puente majestuoso que cruza todo el pantano.

Después de echar una meadita en el pantano y comprar unas buenas viandas de la tierra para cenar, nos volvemos por el puerto de San Glorio a Enterrías.

A los pocos kilómetros nos encontramos con la Guardia Civil de frente, que nos hace indicaciones de que aminoremos y que, finalmente paremos. El Guardia, en moto, porta dos banderas ancladas en la moto, y nos indica amablemente que la Vuelta Ciclista a Palencia está teniendo lugar en estos momentos, por lo que debemos pararnos hasta que termine y así nos lo indique su compañero de cierre. Eso hacemos, aunque antes nos advierte que la cosa puede tardar una hora. Y así lo hizo…

Bueno, nos paramos en un lugar destinado a ello y procedemos a esperar a que vengan los ciclistas. Mambrú no cabía en sí mismo del gozo que esto le producía. No paraba de decir que el ciclismo es más duro que una maratón. Eso fue un rifi rafe continuo durante todo el viaje… Jejejeje.

Mientras esperábamos a los ciclistas llegaban motos de todo tipo que acompañaban a la organización. Todos o casi todos nos pitaban y saludaban. Al poco, llegó la cabeza del pelotón. Un grupo de unos 20 ciclistas que venían “escapados” del gran grueso. Sin embargo, mientras no venían yo saciaba mi aburrimiento con un palo que allí encontré. Hay fotos que evidencian el grado de aburrimiento. Sí.

Después de una hora de espera, pasaron todos los ciclistas, algunos muy rezagados que nos preguntan qué desfase llevaban… Pobres.

Seguimos la ruta y empezamos a subir el puerto. De nuevo alucinante. Muchas nubes, incluso amenazando agua… Los antinieblas puestos y la precaución a tope. Una vez arriba divisamos que el camino seguía (anteriormente no tiramos por ahí), por lo que decidimos subir a pesar de las inclemencias meteorológicas (no se veía un pijo). La carretera ya pasaba a ser de cuarto o quinto orden. Era una temeridad. No se veía nada, aunque proseguíamos. Empezó a hacer frío, pues arriba era ya la leche. No sé a qué altura estábamos, pero aquello tenía que ser chulísimo en un día despejado…

Cuando saciamos la curiosidad, dimos media vuelta y de retorno a Enterrías. Esta vez cayó un botellín y un leve paseo por el pueblo otra vez… Bueno, esta vez tiramos por un camino hasta llegar a un árbol, no más. Allí es lo que pega.

-¡Ey!, ¿quedamos a las 8 para dar una vuelta hasta aquel árbol y nos volvemos a casa?
-Vale tío.

Pues prácticamente eso hicimos. Al no haber más que casas en las dos calles que tiene el pueblo, poco más puedes hacer…

Antes de acostarnos decidimos cambiar los planes del día siguiente, y poner ruta ya de vuelta pero haciendo escala en Ávila, que merecería, y mucho, la pena verla. Los Picos de Europa tiene mucho que ver, evidentemente, pero nosotros ya habíamos visto lo más importante. Pudimos hacer alguna incursión por País Vasco, algo más por Asturias… Pero no merecía la pena tanta kilometrada… Ya teníamos bastante de Los Picos, por lo que decidimos poner fin a esta zona y hacer la vuelta en dos jornadas (para disfrutar mejor del paisaje y evitar en la medida de lo posible las autopistas).

Aquí las fotos:

El día en Fuente Dé bastante nublado. Una pena, no se veía nada…
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Una vista de la entrada de la estación del teleférico:
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Más paisajes:
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Aquí queríamos llegar con las motos. Una pena que no se pudiera.
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Les vaques…
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Aquí ya después del gran papeo que nos pegamos. Primera parada para divisar un bonito paisaje desde un mirador…
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Los efectos devastadores del fuego… Qué pena.
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Aquí nos paramos por la Vuelta Ciclista a Palencia.
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Y aquí pasaban los ciclistas.
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Aquí haciendo el lila. Uno se aburría y…
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Lo dicho, nos aburríamos, y Manuel en el borde de la carretera esperando a los intrépidos ciclistas.
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Y esto es todo, pues ya no hicimos más fotos este día…

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