Picos de Europa 2012. Día 6

Todo acaba, todo tiene su fin.

Empezamos el día cerciorándonos que a las motos no les ha pasado nada (han dormido en la calle, en una plaza). Todo correcto.

Guardamos los macutos en las maletas de las motos. Vamos sin las chaquetas puestas, a pesar del frescor matutino. Se nos ponen los pezones para colgar albornoces mojaos… Pero es preferible por comodidad. Buscamos un bar que nos de avituallamiento. Encontramos uno cerca del mirador que hay para divisar la muralla de la ciudad. Parece el idóneo. Las tostadas están relativamente bien, para estar hablando todavía de tierras castellanas, pero el precio ya no era tanto. Si nos quejamos el primer día del sablazo que nos dieron en Extremadura, aquí no iba a ser menos. Un triste café con tostada tipo baguette pequeño con aceite, tomate y york: 4 euros. Ufff. El hambre pudo más, y el sablazo se nos olvidó pronto.

Nos vamos al mirador a ver las murallas, precioso. Las fotos no le hacen justicia, pues el sol nos daba de pleno. Mejor ir por la tarde, claro, pero a esa hora ya estaríamos llegando a Sevilla.

Ponemos rumbo a esa carretera que Manuel una y otra vez recomendaba. Hacia Arenas de San Pedro. Ciertamente, la carretera es espectacular. Quizá nos encontramos a demasiada Guardia Civil. Muchos moteros también. Se nota que es zona de. A medida que el tiempo pasa el calor va aumentando. Y los bichos. En la salida de una curva Manuel se echa rápidamente hacia el lado, a una zona apartada y habilitada para las paradas en plena carretera de curveo. Le ha picado una avispa. Nada, no le duele, poca cosa, y a seguir…

Paramos a beber agua, pues la temperatura va subiendo con ganas. Cómo se nota que vamos hacia el sur.

Entramos por fin en Extremadura. La temperatura va subiendo. Vamos sorteando pueblo tras pueblo en la comarca del Jerte. Todos preciosos. También nos vamos encontrando, poco a poco, las piscinas naturales… Estamos ya en la comarca de la Vera. Y paramos para tomarnos un relax. Es lo bueno de hacer la vuelta en dos jornadas, que te puedes parar a tomar unos alegres botellines mientras te pegas un buen chapuzón en una piscina de estas. Por cierto, con el agua helada.

Pasamos un pueblo precioso, donde el jardinero municipal no tiene otra cosa que hacer que realizar preciosas figuras en los setos que se encuentran en la calle que cruza el pueblo. Alucinante. Buen gusto.

Es hora de comer, y no tenemos planteado dónde hacerlo. Para empezar queremos asegurar la comida. Nos paramos en Jaraíz de la Vera, compramos los avituallamientos necesarios menos los líquidos, pues preferimos comprarlos fresquitos allí donde paremos. Avanzamos ya sin las chaquetas, el calor nos podía, buscando un lugar donde parar a comer. Echamos en falta Cantabria y Asturias, donde en cada esquina hay unos paradores/merenderos que apetecían bastante. Aquí es diferente. Ya estamos en el sur y el sol hace su función en el paisaje, evitando los merenderos a pie de carretera, pues el calor asfixia. Por este motivo decidimos parar en Plasencia. Allí hay un Carrefour que Manuel conoce, por lo que llegamos y nos compramos unas bebidas bien frías. El parking del lugar también ayuda, pues es subterráneo y la temperatura baja considerablemente.

Salimos y avanzamos por la ciudad para buscar un parque con sombra para cobijarnos de Don Lorenzo. Encontramos uno estupendo, hay sombra y césped abundante. Encima, estamos escondidos por unos setos que vienen al pelo. A esa hora y con tanta calor, no es que paseara mucha gente por la calle, pero algún coche sí que pasaba. Daba igual, desde fuera solo se veía dos motos aparcadas en la acera. Y detrás, tras los setos, nosotros sentados en nuestras toallas pegándonos una buena pitanza. Yo en calzonas, mimetizado no con el lugar, pero sí con la temperatura. Damos buen uso al pan, a los embutidos, al queso con nuestras navajas…

Es hora de partir. Calor, mucha calor.

Cogemos la nacional, e intentamos evitar en la medida de lo posible la autopista. Sin embargo, a medida que van pasando los kilómetros, nos vamos acercando a Mérida y Manuel debe repostar con más urgencia, pues tiene dos litros menos en su depósito (pues  el mío está modificado para recibir dos litros de caldo más que me dan más autonomía). El caso es que no nos encontramos gasolinera alguna por esta nacional, que por cierto recorremos algunos trayectos empleados en la ida en este viaje. Decidimos ir por la autopista para encontrarnos alguna gasolinera… Pero nada, que no llega. El range de la moto va bajando considerablemente, cada vez quedan menos kilómetros… Y casi llegando a Mérida, a escasos 2 kilómetros, y con la autonomía de Manuel a escasos 8 kilómetros, encontramos una BP que nos parece un oasis en el desierto. Resoplamos y repostamos.

Me doy cuenta que a mi manguera, si no la pulsas a fondo, o sea, la dejas echando muy poca gasolina la ruleta de los euros no se mueve. Jeje. Pues nada. Poquito a poco. Tarda más que Manuel, pero pago la mitad de lo que normalmente estaba pagando por llenar el depósito. Es lo que hay. Manuel, además, se da cuenta que a su moto le caben más de 20 litros… Y tanto que sí, ¡¡¡si ya estabas apurando lo poco que te quedaba en los inyectores!!!

Después de perdernos un poco por las rotondas de entrada a Mérida, nos volvemos a poner en marcha. Ahora sí, decidimos ir por nacional y disfrutamos de ella durante los últimos kilómetros de este viaje.

Hacemos la última parada para tomar un café en Monesterio, y desde allí directos a Sevilla. Cuando llegamos, preferimos no pararnos para despedirnos. Ya sabíamos que esto se había acabado y no había más que hablar.

No se hicieron fotos en este día. La verdad, no había muchas ganas de fotografiar nada, pues esto se había acabado.

Deseando ya de realizar el siguiente viaje… Aunque deberemos esperar a las vacaciones para hacerlo…

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