Pirineos 2013. Día 6. Al medievo…

Recogemos el campamento temprano, cada vez somos más ágiles en esto de montar y desmontar, aunque la pereza… esa sí que no mejora.

De nuevo una pequeña pelea con la barrera lingüística. Mi francés no va más allá, y el inglés del recepcionista tampoco. Así que entre una cosa y otra consigo devolver la llave de acceso al camping, recupero mi DNI, me llevo factura de haber pernoctado y hasta incluso me permito el lujo de pedir un croissant en francés.

Nos ponemos en ruta hacia Carcassonne. Son unos 60 kilómetros los que tenemos delante nuestra hasta llegar a esta bella ciudad. Sin embargo se hacen relativamente pesados pues discurrimos al lado de un río por una carretera nacional con bastante tráfico. Las localidades se suceden con cierta frecuencia a nuestro paso, y esto emborrona nuestra excursión, pues en cada localidad disminuimos muchísimo la velocidad, semáforos, rotondas… En fin, se hace algo pesado.

Durante el trayecto los merenderos se suceden. Son numerosos. Antes no habíamos encontrado muchos, la verdad. Y mira que la zona es propicia para que en cada rincón se ubicara uno… Esto me recordó muchísimo al viaje del año anterior, a los Picos de Europa. Allí las áreas de descanso abundaban, cosa que el amigo Manuel y yo agradecimos con unas buenas pitanzas…

Una vez llegados a Carcassonne subimos a la ciudad medieval siguiendo las típicas indicaciones urbanas. No hay problema, llegamos bien. El tráfico va en aumento, pues al ser sábado las visitas se multiplican. Cuando llegamos pretendemos aparcar las motos en el parking de pago que hay habilitado para los coches. El amable vigilante nos indica que no, que mejor más arriba que hay “parking per les motards!” O algo así, le entendí decir…

Efectivamente. Una plaza prácticamente habilitada para les motards. Ya había compañeros moteros ubicados en el aparcamiento. Las miradas se centraban sobre todo en un grupo de Harley-Davidsons bastante llamativas. Pero había de todo. Una preciosa R100GS alemana con todos los bártulos habidos y por haber (incluyendo su jerrycan para el aceite…), una RT, varias japonesas… En fin, de todo un poco del parque motero. Incluida una flamante Versys 1000 con matrícula española con sus maletas de aluminio. El azar quiso que cuando volvíamos después de la visita nos topáramos con los ocupantes de esta moto. Una pareja de Madrid que venía de pasar sus vacaciones por Alemania, Alpes y tal… Ya venían de vuelta. Maravilla de viaje, todo sea dicho. Iban en plan camping, como nosotros. Y también alucinaban con los precios de estos. Llegaron a pagar 7 euros por una noche en uno de ellos en el país bávaro. Si es que…

La visita a Le cité du Carcassonne no está mal. No es que sea la panacea, no, pero no es tampoco para tirar cohetes. A veces uno espera grandes expectativas que se crean por el mero hecho de tener ansia por llegar o verlas. Y creo que este fue el caso. La ciudadela es preciosa. Algo cara para entrar y ver los entresijos, sí. Definitivamente es cara. Unos 10 euros pagamos si no mal recuerdo. Es el precio que habitualmente se paga en los castillos y demás construcciones medievales que abundan por Francia. El estado de conservación es bueno. Aquí los franceses sí que saben cuidar su patrimonio. Hay una película en una sala nada más entrar que merece la pena ver. Fotos aquí y fotos allá. Pasas por galerías, almenaras con grandes vistas… No sé cómo describirlo. Supongo que encuentras lo que esperas o imaginas. No hay lugar a la sorpresa. Al menos esa fue mi sensación. Uno que esté menos versado en la materia igual se sorprendería más. Yo no soy un experto, pero sí he visto varias cosas, y esta me gustó pero no me sorprendió. ¿Lo recomendaría? Sí, sin duda. El año pasado estuve en Roma y vi cosas que ya conocía. Y sin embargo sí que me sorprendieron. El Coliseo, el Panteón… Son cosas que te hartas de ver en fotos, las has estudiado en el Instituto en tus años mozos y tal… Pero cuando las ves te quedas boquiabierto. No ocurrió en Carcassonne a pesar de su belleza y singularidad. Salimos de la ciudadela y empezamos el ritual para montarnos en las motos y salir pitando ya de vuelta…

Aquí algunas fotos:

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A partir de aquí nos tenemos que plantear dos cosas: la primera, debemos parar sin perder mucho tiempo para comprar cosas para comer; y dos, qué ruta vamos a seguir y dónde nos pretenderemos parar para dormir… Sí, el viaje tocaba a su fin y ya estábamos organizando la ruta de vuelta. Así, a bote pronto, queremos hacer noche rondando Zaragoza, aunque la vuelta iba a ser complicada por que el trayecto no es nada fácil. Una vez en España podremos tirar de 3G en el móvil para reservar una habitación en cualquier hotel, por este asunto no habría problema…

Debemos hacer la vuelta por Puigcerdá, por lo que debemos deshacer lo andando el día anterior. Curvas, muchas curvas en una carretera alucinante. Algo peligrosa, la verdad, pues es estrecha y con gravilla. Pero para nuestras motos… simplemente genial.

Cuando llegamos a Puigcerdá se nos plantea el problema por dónde bajar. No es fácil, pues las opciones que tenemos pasan por carreteras nacionales de puertos de montaña, lo que nos llevaría mucho tiempo y, además, no sabíamos realmente dónde podríamos estar para poder parar. Y la segunda opción coger autovía dirección Barcelona, pasando por el túnel de Viella. Tramo largo, pero más rápido que las opciones de carretera nacional… Largo y más caro, por que hay peaje.

Ponemos rumbo a Barcelona. A los pocos kilómetros avistamos las señales de autopista de peaje. El tiempo empieza a empeorar mucho. Va a llover sí o sí. Llevamos tentando la suerte desde varios kilómetros en Francia. Así que justo antes de entrar en la caseta del peaje decido ponerme el pantalón de cordura. Hacía frío. Pagamos unos 8-10 euros si no recuerdo mal por utilizar este túnel. Largo, todo sea dicho.

Cuando salimos del túnel vemos que todo está mojado. Ha llovido, pero la tormenta nos ha cogido la delantera y siempre vamos tras ella. No nos mojamos, pero vamos a paso de tortuga pues el piso resbala muchísimo. Mucha, mucha inseguridad pues las motos se nos iban en cada curva. Mucha agua en el suelo, un piso lamentable… Y eso que íbamos avisados por la pareja madrileña de la Kawasaki Versys…

Continuamos y casi al llegar a Lleida empezamos a mojarnos. Nos paramos en un puente para poder ponerme el traje de agua… ¿Para qué? Para que deje de llover… Efectivamente, fue ponerme el traje de agua y parar el aguacero. Curioso, por cierto, pues llovía y no había nubes…

Cuando ya teníamos claro que íbamos a parar en Zaragoza es hora de hacer la parada para reservar sitio. Queríamos dormir en condiciones, pues hoy nos estábamos pegando una buena paliza y al día siguiente nos esperaba otra. Así, reservamos en un hotel de 4 estrellas a las afueras de Zaragoza. Curiosamente ya estuve en este hotel hace unos tres años en el campeonato de España de baloncesto. Iba como seleccionador andaluz infantil. Sí, es otra de mis pasiones, el basket. He jugado y ahora ejerzo de entrenador. He tenido la suerte de representar a mi comunidad como seleccionador varios años.

Cuando llegamos al hotel con cierta dificultad, pues cometimos el error de entrar en la ciudad (bueno, de paso vimos la Basílica del Pilar), ya era de noche. Llegamos a las 10. Tiempo de ducharnos, llamadas y cenar. No más. A dormir plácidamente, pues la habitación era de lujo y a muy bien precio (46 euros).

El parking estaba incluido. Las habitaciones eran de lujo. Se nota que es un hotel retirado, muy retirado de la ciudad que sirve para celebrar convenciones y demás parafernalia.

A dormir, con algún escarceo de tenor de Pablo durante la noche. Al día siguiente carretera y para casa. Viaje pesado, de día, y yendo al sur. No suponíamos el calor que íbamos a pasar…

Aquí el mapa de la ruta del día de hoy (saliendo de Carcassonne):

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