Ruta trail por la sierra de Huelva

Por fin. Tras varios intentos frustrados por varios quehaceres familiares y otros asuntos, hoy podíamos salir de nuevo con la moto. En este caso llevábamos tiempo barruntando la idea de hacer alguna ruta trail. Y así ha sido.

10 de la mañana y en Las Cuartillas quedamos. No había motivo para quedar a horas intempestivas. En este caso teníamos el tiempo que estimáramos necesario para hacer la ruta que Manuel tenía planeada.

Mi experiencia en pistas trail se resume en prácticamente nada. Si conocéis la ruta “El Desafío” (podéis hacer clic aquí) es una ruta que organiza el moto club Moteros Gaditanos. En este desafío no se conoce la ruta hasta el mismo día antes de partir. Te dan un roadbook y tienes que seguir sus indicaciones. Magnífica idea, magnífica organización y magníficas rutas. Llevan dos años celebrando esta cita. Y tanto en una como en otra siempre hay una zona de trail (prácticamente apta para todo tipo de motos). Ese es mi bagaje en campo o trail. Nada más. Alguna vez salí también por la zona de El Rocío (Huelva) donde estábamos más pendientes de no enterrar las motos en las arenas de las marismas que otra cosa.

Así, con más miedo que vergüenza, nos ponemos en marcha rumbo a El Castillo de las Guardas, y nos desviamos por un camino de tierra y piedras. Antes paramos y ajustamos  las presiones de los neumáticos. Manuel, con sus Metzeler Karoo 3 tendrá mucho más grip que yo en zona off road. Yo calzo unos Metzeler Tourance que para pistas fáciles cumplen su función, aunque para lo que venía… se quedaban cortas, muy cortas.

Estrenamos el nuevo cachibache de Manuel para medir la presión. Funciona a la perfección, todo sea dicho. Mientras vamos ajustando las suspensiones y las presiones también colocamos los soportes para la cámara GoPro del menda. Este aquí para estas tomas, esto aquí, aprieta allí… Vale, todo perfecto. Coloco también el mando a distancia y es el momento de encender la cámara. Mensaje en el display: NO SD. ¿Pero qué cojones? Sí, lo que pensáis. Se me había olvidado la tarjeta micro SD en casa… Vaya bluff. Desmontamos todos los soportes para la cámara y mientras me consuelo diciendo: “una cosa menos de la que preocuparse”. Para la mochila.

Empezamos y el camino es tremendo. Piedras de un tamaño considerable. Estamos en medio de la sierra, y claro, pendientes por doquier. Mi pericia (o sea, ninguna) no es suficiente para manejar correctamente la situación, así que al principio no me explico qué cojones hacemos allí. Yo no me lo explicaba, pero Manuel tuvo a bien hacerlo:

-Marcos: Manué, ¿por dónde cojones me estás metiendo?

-Manué: Por un camino. No lo sé. Yo me pongo a mirar el Google Maps y cuando veo un camino y veo que llega a otro sitio pues hago la ruta.

-Marcos: ¿pero sin saber cómo es el terreno y tal?

-Manué: exacto.

Mis predicciones para la ruta trail eran… No sé cómo denominarlo, la verdad… digamos que un camino fácil que se pueda hacer en bicicleta. No más. Sin embargo, mis predicciones se toparon con la realidad creada en el Google Maps por el amigo Manué y allí nos encontrábamos sin más.

Ea, pues nada, espero que esto mejore… Tiramos por aquí, por allí, media vuelta que por aquí no es. Caminos cerrados. Otros imposibles. Seguimos por otro lado… Imposibles para una bicicleta, demasiados cantos rodados y piedras. Roderas de todos los colores y profundidades. Y el calor comenzaba a apretar. Claro, por eso estoy sudando como un condenado.

Avanzamos y vemos que el camino se cierra cada vez más. Tanto que me pregunto si realmente es por aquí. Ambos nos guiamos por la intuición de Manuel. La maleza hacía cada vez más evidente que por allí no pasaba nada ni nadie desde hace mucho. También nos encontramos unas piedras colocadas estratégicamente para que los coches no pudieran pasar. Sin embargo dejan un pequeño resquicio por donde la moto de Manuel se cuela. Yo detrás. ¡Qué voy a hacer!

Este camino se sigue estrechando y llegamos a un túnel. Oscuro como el sobaco de un grillo es, y me digo de nuevo que a “dónde cojones vamos”. Nos bajamos de las motos y vamos a inspeccionar el terreno. Yo apuesto que no tiene salida, está muy oscuro y no se vislumbra luz alguna al final. Igual es que ni quería entrar… Seguimos avanzando entre las piedras y sí, el elfo Manuel consigue ver un rayo de luz. Es un túnel considerable para lo que es. Unos 100 metros tenía, por lo menos… Y haciendo curva, por eso no se veían la luz del final.

Este es el camino de entrada al túnel:

entrada túnel

Y de allí veníamos:

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Y allí que fuimos… Pasamos el túnel, pero cuando salimos el camino se vuelve mucho peor. Ahora el barro y la humedad hacen acto de presencia. Manuel se baja pasado el túnel para inspeccionar de nuevo. Yo acabo de rebasarlo y me paro a conciencia. Me digo que por allí no pasamos. Y no, no eran las ganas (o la ausencia de estas, ya ni lo sé), es que aquello no tenía una salida decente para nuestras vacasburras.

Ahora hay que darle la vuelta a las motos. Nos ayudamos, pues dar la vuelta en el túnel se antojaba complicado y resbaladizo, o las dos cosas a la vez. Tras una buena sudada los dos machos cabríos nos disponemos a deshacer lo andado (otra vez). En el túnel se oyen voces…. Un perroflauta y dos colegas andando por allí con un perro malencarado… Hola, adiós, y seguimos.

Otra foto de la entrada del túnel. Si veis la moto de Manuel podréis vislumbrar el Roadbook casero Made in Mané. Las anotaciones de puño y letra con su caligrafía de las cartillas RUBIO no tienen desperdicio:

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Aquí en la salida del túnel. Manuel haciendo de Joven Castor inspeccionando el terreno de más allá:

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El túnel visto desde la salida:

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Esta foto para que veáis dónde cojones nos metimos…

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Aquí mi moto pasando miedo en la oscuridad. Mientras su dueño ayudando al Joven Castor a girar la suya:

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Avanzamos por el único camino que nos queda. Pero claro, de Guatemala a Guatepeor… Nos metemos por un cortafuegos. Sí, uno de esos caminos que se vislumbran en las montañas cuando vais por esas carreteras que tanto os gustan. Sí. Allí.

Media vuelta y seguimos a la intuición de Manuel. “Es por aquí”. Vale. Te creo.

Y sí, por allí era. Pero carajo. Vaya caminos. Qué pendientes hacia arriba y hacia abajo. Yo con casi todas las convocatorias agotadas para sacarme el título de trailero novato de primer año (vamos, un cascarón de huevo total) y me ponen un examen de 5º de carrera…

No sé cómo, pero conseguimos salir. No llevábamos ni agua. El esfuerzo se traduce en unas dos horas y media danzando por aquellos parajes sin tener ni puta idea y con Don Lorenzo pegando fuerte. Resultado: yo así no disfruto, y además necesito agua y cerveza urgentemente.

Salimos finalmente a la carretera y nos paramos en el primer sitio que vemos. Las vacaburras que descansen mientras nos tomamos unos refrigerios:

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Una vez que saciamos al pito y llenamos el gaznate de líquido elemento volvemos a las pistas, carriles o cortafuegos. Tremendo. La cosa sigue, y lejos de mejorar, al menos persiste en su dificultad. Tras rebasar un Centro de Visitantes o algo así por la Peña de Hierro, nos encontramos unas casas, en medio de la nada en las montañas. Cómo cojones se puede vivir allí. Pues sí, allí vivían. Tremendo. No sé si quiera cómo leches pueden abastecerse de viandas y agua. No había ni luz. Pero allí vivían dos ermitaños que amablemente nos indicaron el camino correcto para ir a Campofrío. En ese vaivén me pierdo. Manuel va delante, yo tengo que girar la moto, así que cuando me dispongo a continuar me encuentro en un cruce de caminos y sin rastro de Manuel. Me pongo a gritar cual asturianu en los Picos de Europa. Pero no hay manera. Uno de los hermitaños, sin embargo, me indica el camino correcto que antes había comunicado a Manuel. Bajo por ahí y me encuentro al bueno del Joven Castor de vuelta apurado pensando que me había pegado la torta… Nada más lejos de la realidad. El tío se puede perder, pero no se cayó. Jeje.

De este tramo ya no hay fotos. No había ni sitio para pararse tranquilamente. El calor y el terreno no invitaban a sacar lo mejor de la cámara de mi móvil, la verdad. Fotos no, pero hambre y sed… por lo que a las 15’30 más o menos llegamos a Campofrío y nos paramos a tomar los bocatas.

Saciada el hambre, decidimos volver a hacer pistas. ¿Pistas? Yo tenía otro concepto de “pistas”. Pero para eso habíamos venido. Eso sí, antes damos un par de tournée por el pueblo pues no encontramos la salida correcta. Normal, si el camino que nosotros buscábamos no lo cogía nadie. Ni las cabras oiga.

En mi interior me preguntaba cómo cojones había hecho todo ese tramo con la misma pericia que un click de playmóbil sobre una moto. Ni idea, pero lo hice. Así que este último tramo, a pesar de tener zonas mucho más difíciles que las otras, las conseguimos sortear sin problema. Bordeábamos un lago precioso donde el ganado bravo pastaba a sus anchas. Y dos locos moteros con vacasburras BMW allí que iban. Una pena que no pudiéramos terminar el tramo planteado, pues nos encontramos una valla o verja que nos impedía el paso. No era la primera vez. Antes cogíamos otro camino, pero ahora estábamos ya hasta los cojones de dar una y otra vez la vuelta para deshacer lo andado.

Último tramo. Aquí ya había dado la vuelta para deshacerlo:

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Y aquí, en el espejo, en un alarde de creatividad fotomotera, el amigo Joven Castor Manué dando la vuelta a su vacaburra:

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El lago que bordeamos:

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Tras volver de nuevo a Campofrío ya decidimos que eso de pegarte el lote de ir por caminos casi intransitables para encontrarte vallas y puertas que te impedían el paso tenía que acabar. Así que decidimos poner fin a la ruta trail y en la carretera ponemos rumbo a Sevilla. Parada estratégica en Valdeflores para tomar café y un poco más adelante parada técnica para volver la presión a los neumáticos y colocar las suspensiones de las vacas donde mandan los cánones… o el libro de usuario. El Garrobo, Las Pajanosas y para casa.

Conclusiones: positivas. El día fue de menos a más. Mi pánico al off road ha mejorado tras esta prueba dura. Sin duda. Bueno, más que pánico ha sido falta de pericia. Me he dado cuenta de qué son capaces estas motos 1200 GS. Joder, en buenas manos no me extrañan que hagan lo que hacen con ellas. Al menos creo que dignamente podemos decir que he dado un pasito más en la pericia trailera. Si digo que me he quedado con las ganas es engañarme, por que uno viene cansado de semejante trajín. Sin embargo he de decir que hay que seguir probándolo. Ha molado. Pena de la tarjeta SD, leches. Habría estado muy bien.

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Comments

  1. Joder, pedazo crónica!!
    Pues sí, la ruta se ve muy bonita y muy bien en Googlemaps, pero luego la realidad es otra. Me esperaba alguna q otra sorpresita desagradable en las pistas, pero lo de ayer fue demasiado. Pensé q el terreno sería más accesible y asequible para nosotros y nuestras máquinas.
    Ya me pasó en mis anteriores trail, los caminos están llenos de vallas, puertas de fincas, etc, q te impiden el paso y hay q dar media vuelta. Un coñazo, vaya.
    Bueno, la siguiente trail la tengo pensada para final de mes. Es una q tengo a medio hacer, quiero decir q ya conozco gran parte de la ruta y es muuuuuuuuuucho más fácil q la de ayer.
    Ya informaré convenientemente a su tiempo.
    Un saludo.

    P.D: lo de la tarjeta SD…….no tiene precio! MasterCard. Jajajajaja.

    1. Manuel, sí que dejaste comentario, sí. Pero no lo veía por que el sistema de wordpress lo detectó como SPAM, por eso me ha resultado difícil encontrarlo. Bueno, aquí está y te lo publico, aunque prácticamente se pise con el que ya pusiste antes…
      😉

  2. Hola, yo soy el q diseñó la ruta. Podemos aplicar varios dichos para definir lo sucedido: “no es oro todo lo q reluce” o “no todo el monte es orégano”, tb hay cortafuegos, vallas, puertas de fincas, etc. Y googlemaps no te avisa de muchas cosas.
    De todas formas echamos un buen día, pasamos por unos sitios q………no sabíamos q éramos capaces de hacerlo, pero lo hicimos.
    Bueno, la próxima será mucho más fácil, lo prometo. Es una q tengo a medio hacer y quiero terminarla.
    No hago crónica pq con lo de ahí arriba ya estamos bien despachaos, ok?
    Un saludo.

    1. Gracias por opinar Manuel.
      Venga, a preparar ya la próxima y ya fijaremos una fecha… Esta vez no se me olvida la tarjeta micro SD de la cámara. Será la batería, el casco o la misma moto, pero la tarjeta SD no.
      🙂

  3. Grande Marcos, a darle caña a la muebleuve, ¡que envidia!. Si me tocan los euromillones y le echo valor a la parienta te acompaño en alguna.

    1. Llegué a casa pero nada… Aquí estoy de nuevo.

      Ya sabes que estoy esperando a que te puedas comprar una burra para poder compartir las buenas rutas que nos hacíamos antes. Siempre se está a tiempo, no lo olvides. Así que ánimo y espero que sea lo más pronto posible.

      Qué mal hiciste en vender esa pedazo de Vstrom…

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