¿Quién soy? Algo sobre mí

Después de tantos años escribiendo en el blog me he dado cuenta que en el apartado borradores tenía guardada una entrada que creo debe ser publicada, pues hasta entonces no había mostrado ninguna reseña sobre mí. Así que como reza el dicho, «más vale tarde que nunca» voy a contaros algo sobre mí. ¿Quién soy?

Mi nombre es Marcos, aunque he recibido muchos motes simpáticos (que utilizo en alguna red social, por ejemplo), podría destacar uno que utilizamos de broma con algunos amigos: Wilson. No sabría deciros cuál fue mi primer contacto con una moto, quitando cuando era un zagal de instituto que solía moverme en un scooter. Sin embargo, sí tengo muy presente la primera vez que me monté en una moto «gorda» y realicé mi primer viaje en moto.

Corría el año 1989, yo solo tenía 15 primaveras a mis espaldas. Un día de septiembre estábamos echando la tarde en casa cuando sonó el «telefonillo» que cogió, si no mal recuerdo, mi madre.

-Mari, haz el favor de bajar con los niños.
-¿Para qué?
-Vosotros bajad que os tengo que enseñar una cosa.

Y así, sin más, allí que bajamos para ver qué sorpresa nos tenía mi padre guardada. Mis hermanos, más pequeños, igual no se acuerdan, pero cuando bajamos nos quedamos todos petrificados. Todos menos mi madre, que dijo:

¿Se puede saber de quién es esa moto?

-Es mía, me la he comprado -espetó mi padre. -Ven que te voy a dar una vuelta.
-Ni loca me monto yo en eso.

Y dicho y hecho, mi madre no se montó en la moto. Y nunca lo hizo. De hecho se le notó una cara de preocupación que antes no había visto. No sé si era preocupación o de cabreo sumo. O ambas. El caso es que la discusión fue de órdago, aunque si no mal recuerdo mi padre no tuvo que dormir ningún día en el sofá. Y menos mal, porque este era de esos esquineros que lo hubieran dejado inútil para montar en moto…

Una magnífica Honda CBR 1000 F89. Una sport turismo de la época que sencillamente era preciosa. Del estilo a las sport turismo de entonces estaba completamente carenada, para tapar las entrañas y reducir costes. Una máquina preciosa que destilaba calidad a raudales. Por aquel entonces era una partecuellos de manual. Era más lógico ver el mismo modelo de 600cc. Pero esta…

Honda CBR 1000 F89. Una preciosidad Sport-turismo

Mientras mi padre gestionaba como podía la negativa de mi madre, tanto a la hora de montarse, como a la hora de poner un atisbo de aprobación ante tal compra compulsiva, mis hermanos daban vueltas alrededor de la moto como si estuvieran en el corro de la patata. Un servidor, como podréis imaginar, ya estaba montado en ella y disfrutando de semejante máquina.

Ese fue el justo momento en el que de verdad me imaginé qué se debía sentir a lomos de una moto así. Con 15 años y el cuello partido de ver motos por la calle, y de repente tu padre se compra algo así…

Y la historia es más llamativa porque el historial de mi padre con las motos se remontaba a muchos años atrás, cuando podía coger alguna moto sencilla tipo Bultaco, Ossa, Vespa o similar de los años 60-70. Vamos, que echando cuentas, la «crisis de los 40» a mi padre le vino de lleno.

Al año siguiente, en 1990, fuimos al Circuito de Jerez. Pertrechados en chupas de cuero de la época, guantes y unos cascos Shoei, nos dispusimos a salir el domingo día de las carreras.

-Espérame en la calle mientras saco la moto del parking.
-Vale.

Al salir a la calle, con el casco en la mano, vaqueros, chupa de cuero, botas de montaña y unas gafas de sol, mientras esperaba a que mi padre sacara la moto del parking, pasaron unas motos por delante de casa que también iban a Jerez. Me pitaron y saludaron en forma de “V”.
Recuerdo como si fuera ayer esa escena. Y cómo me entró un cosquilleo por el cuerpo que no se me quitó en todo el trayecto.

Es uno de los mejores recuerdos que tengo con mi padre. Algo que guardaré siempre.

Actualmente trabajo en una oficina. Aunque también he sido entrenador de baloncesto, otra de mis pasiones, fotógrafo amateur y profesional, y algunas cosas más desde que salí de la universidad. Creo que me puedo considerar una persona con múltiples destrezas, hoy día somos denominados multidisciplinares.

Tengo una familia maravillosa, con una mujer fantástica a la que también le gusta viajar. En moto también. Entiende mi pasión y, lo mejor de todo, es que poquito a poco me permite disfrutar de ella. El problema no es esta compatibilidad, sino que ambos disfrutamos de dos personajillos (Sofía y Pablo) que nos tienen enamorados. Y atareados, claro. A pesar de estar en una etapa complicada para viajar en moto, hacemos lo que podemos.

En este enlace puedes ver algunos de nuestros viajes que hemos podido realizar hasta el momento.