Triumph Tiger 800 XRx. Mis impresiones. Review. Parte I

Como muchos sabéis vengo de una grandísima moto. Mi anterior BMW R 1200 GS me supo a delicia. Y todavía lo sigue haciendo, pues hay algunos aspectos que echo de menos en mi nueva Triumph Tiger 800. Nada importante, cuestión de “alma” diría yo.

Al igual que hice con mi casco HJC, al que comparé con mi anterior BMW System V, haré lo mismo en esta ocasión. Así, en este artículo os iré contando qué me está pareciendo esta Tiger 800 respecto, sobre todo, a la BMW 1200 GS de 2005.

Sensaciones

Es de lo primero que quiero hablaros. Es lo que más me llamó la atención. Para empezar, sé que estaba en un 1200 bicilíndrico cuyas “tetas” germanas sobresalían de forma característica como viene siendo la norma en BMW. Y eso le da un empaque a la moto que se nota. Cuando me monté en la Tiger me pareció muy liviana. Supongo que esto ocurre cuando te montas en cualquier moto que no tenga el motor bóxer.

La posición de conducción era parecida, pero las alzas de manillar que tenía en la germana ya las estoy echando de menos en la británica. Fácil solución.

Giramos la llave, el cuadro se llena de luces de colores y hace un chequeo fantástico, casi de “otra dimensión”. Acostumbrado a la parquedad germana, donde solo había un -famoso- “envío de fax” debido al check del servofreno, me dije: “Tecnología is coming”. Y así es. Hay 12 años de diferencia entre una y otra moto. Y en tecnología se nota.

Seguimos pulsando el embrague para proceder al arranque de la moto (sí, en esta moto hay que hacerlo), aspecto que por otra parte no me ha parecido nada raro, pues en mi anterior BMW ya lo hacía aunque no hiciera falta. El embrague es igual de suave que en la bávara, no noto nada raro. Busco el botón de arranque en la parte superior de la piña y… Error, ahí estaba el anterior, ahora está abajo. Es pequeño, escueto, tanto como el sonido que produce este motor al arrancar. Sí, es lo primero que me sorprende de esta moto. Y lo que más vais a notar en este comentario. ¡Qué dulzura, por Dios! Acostumbrado a la BMW, en la que el sonido para arrancar la moto era parecido al de un tractor, en este aspecto es incomparable.

Lo siguiente que me sorprende es que a pesar de haberla arrancado y seguir mirando comandos y demás (estaba enfrascado en poner el modo de conducción “RAIN” pues llovía en ese momento) era que no notaba nada en las partes nobles. “¿Qué pasa aquí? ¿Está la moto arrancada?”

Y sí, es que esto parece una moto eléctrica. Sobre todo comparada con la alemana. Y es que esto va a ser la tónica de toda esta review.

Engranamos la 1ª y echo en falta ese típico “clonck” tosco, agresivo y desgarrador, sí, desgarrador. Ese sonido hacía que todo el que estuviera a tu alrededor dijera: “este se ha cargado la caja de cambios” o “¡Coge el embrague, desgraciao!” y similares. Pero es que es así. La BMW tenía esa característica, tanto en 1ª como en 2ª hacían ese ruido. En marchas posteriores la cosa desaparecía paulatinamente.

En Hinckley han hecho las cosas finas. Y meter la 1ª es cosa de bellas doncellas tocando arpas. Ya sabéis el tópico de esta review: “al menos comparado con la germana”.

Lo siguiente es el acelerador… Pruebo a roscar a ver cómo “ruge” o mejor dicho silba ese motor. Y lo que me pasa es que rosco demasiado el acelerador. ¡Qué suave está! Claro, es electrónico. Y este aspecto sí que me está costando más trabajo en adaptarme. Es muy suave y la entrega a la moto es progresiva. La respuesta, para que nos entendamos, no es la misma que con el acelerador de cable de la BMW. Habrá que acostumbrarse. De todas formas es una delicia.

En la próxima entrega os hablaré ya de mis sensaciones con la moto en marcha. No os lo perdáis.

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