Vacaciones 2019. Bilbao. Capítulo 6

Una vez abandonamos el hotel Reserva del Saja, nos disponemos a salir hacia Bilbao sin prisa, pero sin pausa. No teníamos muy claro antes de esta jornada cómo organizarnos en la ciudad vizcaína. Por un lado no sabíamos si hacer noche allí, pues no había muchas opciones y todas eran caras. Así, pensamos en pasar el día por la ciudad para luego alejarnos lo suficiente hacia San Sebastián y buscar alojamiento en la costa. Sin embargo, decidimos disfrutar de la ciudad y, ya que estábamos, lo hicimos en un señor hotel de 4 estrellas, al lado del ayuntamiento y prácticamente frente al museo Guggenheim.
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Esta jornada no tenía mayor transcendencia motera. Tan solo nos dedicamos a coger la autovía para llegar a Bilbao lo antes posible. Después de pasar mil y un radares, por fin entramos en Euskadi.

Primer cartel de Euskadi, y foto al canto…

Una vez que llegamos a la ciudad fue fácil encontrar el hotel. Antaño quedaban esas horas perdidas cuando uno llegaba a una ciudad desconocida y tenía que buscarse las habichuelas para llegar a cualquier sitio. Benditos GPS…

Una vez instalados y con las motos en el parking, tocaba ducha, un breve descanso y salir a comer… De pinchos, claro.
Buceando por las calles del centro topamos con uno pintoresco, pero estaba cerrando y no le quedaba género. Mala cosa. Además, el tipo era muy amable, tanto como mal gusto por los equipos de fútbol, ya que el Sevilla le atraía más que Su Majestad el Real Betis Balompié. Yo no entendía tal antipatía hacia nuestras “trece barras”, pero claro, me acordé de la Copa del Rey que les ganamos en el 77, y la semifinal del 2005, que los apeamos en los penalties y… lógico que no les cayéramos muy bien. Ea. Pues es lo que hay, oiga.

Proseguimos e hicimos caso a las indicaciones para encontrar a esa hora un buen lugar de pinchos. Y allá que fuimos a la Plaza Nueva a degustar unos manjares exquisitos… Y unas buenas y merecidas cervezas.

Rico, rico…
¡Pero que muy rico!

De camino vimos el ayuntamiento…

Sí, eran las 16:20 y teníamos hambre…

La ría con su paseo…

Ría de Bilbao

Después de una buena pitanza, tocaba bajar la comida visitando lo que podíamos… Y así hicimos. Nos dispusimos a darnos un buen paseo por toda la ría, llegando al Guggenheim…

Guapos… 🙂


También nos hicimos algún selfie con Puppy…

Guau, guau.

Después del paseo Silvia y yo decidimos irnos a descansar al hotel. Mientras, José e Isa se dieron un buen garbeo donde degustaron ciertos licores y manjares exquisitos…

También estuvieron en el museo Guggenheim

Pero como hemos dicho, antes se tomaron un GinTonic épico…

Al cabo de un par de horas, volvimos a quedar para salir a cenar. La primera parada la realizamos en una tasca famosa de Bilbao “La Viña” o “La Viña de Henao”. Eso sí, lo de precios populares no se lleva por aquel sitio. Estamos hablando que empezamos la noche en lugar emblemático y con auténticos manjares. Las primeras cervezas y pinchos cayeron allí. Un plato de tomate aliñado 12€. Sí, el tomate estaba pelado a mano, no sé si era de Los Palacios, pero podría, y la presentación lo decía todo. Exquisito.

Aquí los tomates… A 12 euros el plato todavía me acuerdo del sabor…

Continuamos nuestro periplo nocturno y decidimos seguir de pinchos por zona concurrida. Todo rico, rico. Y empezó a llover. A nosotros, eso de que llueva en agosto no se nos da bien, pero bueno, estábamos en el norte y allí es habitual hasta en verano. Unas pocas gotas que solo hicieron refrescar el ambiente. De allí nos fuimos de paseo a la cama a por un merecido descanso. La siguiente jornada, aunque todavía estábamos de turisteo, ya significaba el temido “regreso”. Por la tarde Silvia cogía vuelo hacia Sevilla, mientras Isa, José y un servidor emprendíamos camino de vuelta. Eso sí, el día dio para muchos detalles curiosos y graciosos que veréis en el próximo capítulo.

Ya os dije en otro capítulo que no sé qué ocurrió en este viaje con las vacas… Nos perseguían…

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