Foto de grupo

Vacaciones 2019. Descenso del Sella. Capitulo 4

Para las Vacaciones 2019 nos planteamos la posibilidad de realizar el Descenso del Sella en canoa. Para ello habíamos reservado el hotel lo más cerca posible de Arriondas, la localidad donde se celebra esta mítica prueba deportiva.

La verdad es que cerca, lo que se dice cerca, no pudimos reservar, pues ese fin de semana se celebraba la prueba internacional y los hoteles estaban hasta arriba. Así que dimos con nuestros huesos en Campo de Caso (aquí podéis seguir la jornada anterior, y desde aquí empezar la serie de Vacaciones 2019 desde cero).

El día 4 nos levantamos temprano para poder estar a las 10 en Arriondas donde habíamos concertado el alquiler de las canoas. A las 8 estábamos ya preparados para salir desde el hotel. La idea era desayunar por el camino, y así ahorrar tiempo. Lo mejor de este día, motorísticamente hablando, fue que tuvimos que deshacer todo el puerto de Tarna del día anterior, por lo que nos volvimos a deleitar con sus curvas y su magnífico recorrido paralelo al río Nalón.

Tras una parada técnica para repostar, proseguimos el camino y no nos terminábamos de poner de acuerdo en dónde realizar el avituallamiento matutino. Y finalmente fue un acierto ir pasando uno a uno los restaurantes y bares, porque nos permitió llegar con tiempo a Arriondas y desayunar en el mismo pueblo unos pinchos magníficos que, ya entrados en la mañana, supieron a gloria.

El día amaneció nublado, pero al estar en el norte de España no le dimos importancia. Los sureños no estamos acostumbrados y pensamos que “un poco más tarde abrirá”, como ocurre en las latitudes donde vivimos.

Pues no, no abrió. Y la verdad es que lo agradecimos muchísimo durante el Descenso. Incluso llegando a Arriondas en moto nos llovió un poco. Y es que estas Vacaciones 2019 se han caracterizado porque nos ha hecho una temperatura y tiempo magníficos. Quizá volviendo a Sevilla ya apretaba bastante el calor, incluso en el penúltimo día llegando a Oropesa también lo pasamos regular. Pero para ser verano, genial. Y como guinda este día. Hacer el Descenso a pleno sol, a pesar de estar rodeado de agua fresca, es sinónimo de quemarte la piel si no vas protegido. En nuestro caso no hizo falta, pues el destino nos regaló un “magnífico” día nublado para realizar todo el recorrido.

Una vez ataviados con los chalecos salvavidas, las palas y el bote para resguardar del agua algunas de nuestras pertenencias, empezamos el Descenso del Sella. Nada más colocarte en la canoa, te sitúan en una rampa que, a modo de tobogán, te deja en el agua con un buen salto.

En los primeros kilómetros el río no va muy caudaloso, por lo que necesitamos bajarnos varias veces de las canoas para arrastrarlas por el cauce, pues este no lleva agua suficiente. Evidentemente las señoras se quedaban en las canoas mientras los fornidos maridos empujábamos hasta salir del atolladero. El recorrido consta de varias horas de duración. De hecho, tienes que llegar a un punto kilómetrico concreto antes de una hora límite. Este punto señala que si no has llegado hasta ahí a esa hora es que no te va a dar tiempo a llegar al final antes de que el bus de recogida regrese a la base. Vamos, que si continúas no te llevan de vuelta en bus. Una jodienda. Nosotros llegamos con tiempo suficiente, aunque tampoco muy sobrados.

Ya en el recorrido nos encontramos con personajes de todo tipo: gente que iba a pasarlo bien, disfrazados, otros que llegaron tarde a la carrera internacional, la típica pareja joven -donde él mostraba sus dotes de atleta mientras ella utilizaba su móvil para subir fotos a Instagram-, familias, niños y niñas… Todo muy variopinto y curioso. Incluso algún sureño con ganas de cachondeo que sorprendía, sin previo aviso, a la gente con gritos de “Es un despeloteeeeee” imitando a Boris Izaguirre. Algo así:

La anécdota graciosa de la jornada tuvo lugar cuando el imitador de Boris y su señora rebasamos otra canoa de tres plazas que estaba tal que así: en la parte delantera una chica de unos 14/15 años, nadie en la parte central de la canoa y, al final, en la última plaza, la que intuimos que era la madre de la chica. Ambas tenían un característico color blanco nuclear que delataban su origen, Zamora, Palencia o el mismo centro de Siberia. El caso es que, continuando el adelantamiento de la canoa, ya en el agua estaba el marido y padre de las palistas. Lo curioso es que estaba en el agua, empujando la canoa al más puro estilo Michael Phelps dando pies. Ante tal escena surgió mi vena andaluza y dije:

-¡Oiga. Yo creo que a usted le están engañando. No es por ahí! ¡Es encima de la canoa!
Mi intención era ver su reacción y que se lo tomara a guasa. Vamos, reírnos juntos con la escena y el comentario.
Pero no. La cara que me puso dando pies no fue muy agradable. Ni la de la mujer tampoco. Esto confirmó mi teoría de la procedencia de esa familia: fuera de Desepeñaperros sin ninguna duda. No sé si hasta llegar a Siberia, pero gracia no les hizo.

Mientras seguíamos la ruta tuvimos tiempo para hacer un par de paradas y realizar el avituallamiento correspondiente. El recorrido del Descenso del Sella te permite realizar paradas, donde puedes encontrar algunos chiringuitos con bebida y comida. Nosotros decidimos comprar la comida en el pueblo. Semejante esfuerzo, que se hace, tenía que ser compensado con unos refrescos y unas viandas.

Aquí tenéis una galería con algunas fotos del Descenso.

Descenso del Sella conseguido. Motofamily wins!
Tomando un café y algún reconstituyente después del esfuerzo cerca de un hórreo.

Al finalizar el Descenso del Sella logramos conseguir alquilar una casa cercana a Cangas de Onís que nos supo a gloria. Ese día, después del esfuerzo realizado decidimos hacerlo “en casa” y no salir a cenar. Optamos por ir a un súpermercado (menos mal que abría en domingo) donde hicimos acopio de comida suficiente para la cena y el desayuno. Y cervezas, claro. Que no falten.

Además, en la tranquilidad del salón, pudimos volver a poner en marcha los intercomunicadores para ir hablando los cuatro a la vez. Logramos averiguar cómo funcionaban finalmente, gracias a un vídeo de Youtube que nos facilitó la tarea.

Aquí peleándonos con los intercomunicadores. Finalmente lo conseguimos.


Una vez cenados nos fuimos a dormir plácidamente, pues la casa era magnífica y estaba todo muy nuevo. La ruta del día siguiente era un win en toda regla. Por fin llegábamos a un punto importante del viaje: Los míticos Picos de Europa.

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Comments

  1. Otra etapa de nuestro viaje inolvidable, divertida a más no poder y vuestra lucha con los intercomunicadores no tiene precio.

  2. jajajaja, que grande.
    Recuerdo los lamentos de algunos piragüistas cuando estábamos cerca de la meta, y veían como muchas canoas se aproximan a la orilla, llamados por los monitores de la empresa. Podías oír lamentos del tipo… ¿Y esos por que paran ya?, ¿Y nosotros donde paramos?, Oye que todos esos se paran ya, ¿No nos habremos pasado el nuestro?… Casi agonizante!!

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